lunes, 23 de marzo de 2020

Democracia teológica (segundo fragmento)








Por José Pablo Noriega de Lomas




Siguiendo a San Anselmo podemos decir que el Ser Perfecto si no tuviera la perfección de la existencia no sería el Ser Perfecto. Luego existe. Si tiene todas las perfecciones es infinitamente bueno. Si es bueno ama la Creación entera. Por ello nos ama infinitamente. Por eso dice el Evangelio que Dios es Amor; lo cual es lo mismo que decir que El Absoluto es Caridad.
    Ahora bien, la Caridad de Dios no nos deja como estábamos o indiferentes, sino que conocerla y sentirla nos lleva al amor a Dios y al prójimo, pues el amor es difusivo. De ahí se sigue que la Caridad, puesto que viene de Dios, puede fundar las Humanidades, el orden humano (la Política, las Ciencias Humanas, y así). Por eso en el campo de la Política cabe afirmar que creer es la llave para lo ordenación adecuada de la Moral y la Política, condición de una construcción racional coherente
Así pues, vemos que del conocimiento del Absoluto no es sólo cosa de la razón pura o teorética, sino que de ello se sigue una ley que está fundada en Él. Por ello, en la medida en que la ley depende de Él es natural afirmar que Dios es el Soberano. Dios es Aquel cuyo conocimiento da la Ley. Y esa Ley se define como dominio de la Caridad.
    Como corolario puede señalarse que la Teología no es un conocimiento prescindible para la organización del orden político, sino que ella es central y aun la que lo hace posible. Por supuesto, también el orden moral como ha mostrado el cristianismo desde la Antigüedad. Así que el Absoluto es el alfa en la racionalización de la esfera política.
     Por otra parte, no es solamente el Soberano de la Creación, sino que la Idea de Soberanía se traslada a la Política. Así pueden apuntarse dos grupos de argumentación por los que se defiende la Soberanía divina. La primera es de hecho y la segunda de derecho.
    En cuanto a la segunda, puede decirse que exista realidad tan excelsa como el Absoluto por lo que es natural que a Él corresponda la Soberanía, sobre todo, incluida la Política. ¿Cómo si no podría haber ninguna realidad por encima, si ÉL es la Realidad y la Verdad Suprema? Imposible.
     En lo que respecta a la Soberanía de hecho, se sabe que las realidades morales y políticas están definidas por el hecho de que Dios es Amor. En efecto, de ello se desprenden las Ideas de Fraternidad, Igualdad y Libertad. Conocida la existencia de Dios como Amor, queda inaugurada la ley moral. La Caridad del Absoluto es el punto de arranque. Si nos sentimos infinitamente amados por Él responderemos amando al prójimo. Pero no perfectamente puesto que somos imperfectos. Así, el amor al prójimo aparece como ley. Si ello es así, somos libres: Sí el amor al prójimo es ley, ello implica que somos libres pues la ley puede obedecerse o no. Así es que existe la Libertad.
      De otro lado si el Amor es difusivo (la Caridad) ello hace a los hombres hermanos y así se constituye el Orden de la Fraternidad.
    Pero si los hombres son hermanos, son iguales. Por ello, no sólo somos hermanos (Orden de la Fraternidad) sino que somos Iguales (Orden de la Igualdad).
    De todo ello se colige que el Orden Político puede derivar del Amor de Dios. Por ello la primerísima virtud es la religión, en la medida en que el Amor de Dios es el puro comienzo del orden moral y político, por lo que no hace falta recurrir a la Axiología para fundamentar la Teología y el Derecho Natural. Por eso Dios es Soberano en este primer aspecto.

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